El fantasma de la libertad

La corta biografía del Príncipe D. Carlos, estuvo estrechamente vinculada al problema hugonote y las guerras de Flandes. Acusado de conspirar contra el padre, fue objeto de proceso, que parece haberse resuelto en pena capital, lo que no es posible afirmar o negar, pues el vacío documental, hoy por hoy, es casi absoluto. Según las pruebas consultadas, a la prisión definitiva precedieron períodos de confinamiento, siendo lamentables las relaciones entre padre e hijo. Entra en lo posible que los flamencos tomasen a Carlos por valedor. Y hasta que Pío V, el Emperador de Alemania y otros soberanos, planeasen precipitar la sucesión recluyendo a Felipe II en el Escorial, esgrimiendo el precedente del retiro paterno en Yuste, tesis a la que apunta Marañón, pero que no pasa de conjetura. De la supuesta conjura que hizo del joven catalizador de descontentos, no hay más indicio que las deudas descubiertas por Felipe II, a la muerte del joven. Pero el hecho de que los acreedores reclamasen sus haberes, prueba que la causa de los débitos era confesable.

No fue Carlos el hijo deseado por Felipe II. Más inteligente que el Rey, según todos los indicios, sus coetáneos lo presentan como observador reflexivo. Tenía 15 años, cuando comentó Insauste: "aquí quedó el Príncipe Ntro. Sr. harto solo. Y hombre se va haciendo que no se le cae nada en tierra y lo nota todo" (4364). De lengua suelta, capaz de razonar y hacerlo con humor, se cuenta que le complació ofender a la estulticia regia, siendo conocida anécdota, que recogen los historiadores. Reclamado el Rey en Flandes y en Monzón, al no manifestar intención de viajar, el Príncipe se entretuvo rotulando un gran libro de páginas en blanco, en el que se recogían las importantes jornadas del Monarca, de real sitio en real cazadero. Descubierta la obra por el protagonista, el efecto sería el prolongado ostracismo que Carlos padeció en Alcalá.

1.2.1560 Insausti. El Príncipe quedó en Toledo

De niño tuvo por ayo al Marqués de Poza, Antonio de Rojas, erasmita con ribetes de luterano, puesto probablemente por el abuelo, que debió poner especial interés en formar al futuro rey, a su forma y manera. El triste sino de la familia Rojas, aconsejó a Cabrera silenciar la incómoda presencia, junto al heredero del trono. Citado por maestro un Luis Vives, pariente probable del sospechoso humanista, muerto en 1540 en exilio voluntario, pues escapó por pies a Flandes, para librarse de la hoguera, consta que el muchacho se formó a la sombra de Carlos V, que no ocupó su retiro en Yuste a ensayar funerales, pero sí a seguir los asuntos de estado, observando atento la evolución del sucesor y ocupándose de la formación del nieto. Más cerca de los humanistas culpados de herejes por la ortodoxia, que de los inquisidores, el joven Carlos se pasó de la raya, preparándose a ser víctima cantada de la dinámica que enfrentaba a hugonotes y católicos, descrita por Pedro de Labrit, Obispo de Comenges, quien en 1562 nos dice, refiriéndose a los sucesos de Francia: "a llegado a tal estremo este infelicísimo reino, que el hijo mata a su padre y le saca el corazón e se lo mete en la mano. E el padre haze morir a sus hijos, hechos pedaços delante de sus ojos y con sus propias manos" (4986), describiendo espíritu que refleja García de Toledo, en carta a los inquisidores de Cataluña, en la que dice: "arrastraría" a su hijo ante el Santo Tribunal, de saberlo contaminado de herejía, para que fuese debidamente castigado (4371).

Justificado por ambiente que creó, el Austria se erigió en moderno Abraham, vengando en nombre de Dios humillaciones domésticas, dolorosas por infringirlas inferior normalmente dotado, a superior infradotado. Guerras de religión y disturbios en Flandes, serían disculpas esgrimidas, para justificar la condena del hijo, ayudando a vencer dudas y escrúpulos el discurso de Espinosa, el más fanáticamente religioso de los validos filipinos. Hemos de admitir que con excepción del perfecto arribista que fue Antonio Pérez y del secretario Eraso, los favoritos del Austria tuvieron por denominador común cortedad de miras, rayana en la estupidez. Nada más natural. Los reyes como el resto de los mortales, prefieren rodearse de afines, de ser posible inferioresque halaguen su vanidad, a soportar la presencia de una superioridad de la que no aprenden, porque no pueden alcanzarla. Y en consecuencia, les humilla.

23.5.1559 Auto de Fe
23.5.1559 Juana y Carlos
6.7.1559 Captura Perot Lupian
15.9.1559 Lupián escapa

Hijo de María de Portugal, la esposa que mantuvo relaciones tormentosas con Felipe II, Carlos nació el 8 de julio de 1545, tras año y pocos meses del matrimonio paterno (1). Cuatro días más tarde murió la parturienta, siendo criado el niño por sus tíos, María y Maximiliano de Austria, los más liberales de los hijos del Emperador. Regente del reino el padre por ausencia del abuelo, tenía Carlos 9 años en 1554, cuando Felipe abandonó Valladolid para casar con María Tudor, reina de Inglaterra. Al frente del reino, llamada por su hermano el Príncipe, quedó Juana, viuda del Príncipe de Portugal, que abandonó a su hijo, el rey D. Sebastián, estando en pañales. El 17 de enero de 1556, el Emperador abdicó en Bruselas. Quedó el nuevo Rey en Flandes, regresando el Emperador a Castilla, para pasar sus últimos días en Yuste. Habiendo rodeado al nieto de maestros de su gusto, la casa del muchacho fue renovada a la muerte del abuelo. Inculpado el ayo por el Santo Oficio y muerto a consecuencia, le reemplazo un García de Toledo conocido por "El Gaçapo", apodo que lo distingue de su homónimo, el marino y capitán general. Según la crónica oficial, hubo quema de herejes a 21 de agosto de 1558. Según la documentación, en aquellos días se estaban efectuando las prisiones, acopiando materia prima para el auto de los Cazalla y siguientes. Iniciada la persecución por orden de Felipe II, que no asistió a la primera quema por encontrarse en Flandes, documentación sitúa la quema a 23 de mayo de 1559, baile de fecha que quiza se deba al deseo de probar como estando en vida el Emperador, permitió la condena y quema de predicador de su casa (2). Presidieron la resurrección del Santo Oficio la Princesa de Portugal y el Príncipe D. Carlos, mayor de edad, pues frisaba los 15 años. Terminado el macabro desfile y la lectura de las sentencias, tía y sobrino se retiraron, incapaces de asistir a fin de fiesta en el "brasero". Carlos se recuperó de la jornada en convento, a cinco leguas de Valladolid. Y Dña. Juana en el cenobio del Abroxo. En julio Perote Lupián, "el que se salió del Castillo de Salses", catalán hugonote y rebelde declarado, fue descubierto en la posada de Diego de Acuña, primer sumiller de corps del Príncipe, que le tenía acogido "en secreto" (4348). En octubre Felipe II hizo su entrada en Valladolid. Asistió el hijo al recibimiento, pero se abstuvo de acompañarle a la "cremá", celebrada a 8 del mismo mes. Ocupada la jornada del Monarca en el espectáculo, el Señor de San Jorge, al no poder ver al rey, la aprovechó para visitar a Carlos y la Princesa, en sus aposentos. Es posible que el catalán mencionase a médico francés, recomendado por García de Toledo como acreedor a pensión, porque habiendo sido torturado por real orden, sin tener culpa, salió manco de un brazo, quedando incapacitado para practicar la cirugía (4386).

Perdonó el Monarca la primera debilidad del heredero, permitiéndole pasar con la corte a Toledo. En esta ciudad padeció el Príncipe cuartanas prolongadas. No le impidieron recorrer las calles en caballo blanco, el 22 de febrero de 1560, encabezando el cortejo que le siguió a la Catedral, en el día de su jura como Príncipe de Asturias y sucesor al trono. En el besamanos la Princesa de Portugal y Juan de Austria, miembros de la familia real, precedieron a los grandes y los procuradores en cortes, que al vegetar en la ciudad, participaron en el acto (4386). En abril Vargas comentó la salud del homenajeado: "anda todavía luchando con su quartana" (4355). Participó el Rey en los juegos de cañas, celebradas con motivo de su tercera boda, pero no parece que lo hiciesen Juan de Austria y el Príncipe, que de no haber fallecido María Tudor, hubiese ocupado el lugar del padre, pues el matrimonio español de Isabel de Valois, nacida el 2 de abril de 1546, se concertó en principio para Carlos, siendo reemplazado por el Rey, tras haberse ofrecido a Isabel de Inglaterra por esposo, siendo rechazado. Dado que los hechos suceden a las situaciones que las hacen posibles, no a la inversa, el vaticinio formulado por García de Toledo en 1558, de que firmada la paz con Francia en Cateau Cambresis, "el Rey tendrá guerra este año en Flandes" (4355), de no cumplir la promesa de sacar a "todos los españoles" de las provincias, se cumplió con lustro largo de retraso. Desembarcados en San Sebastián los primeros contingentes de repatriados, comparecieron en la corte filipina embajadores del Imperio, Inglaterra y Francia, "muy alterada sobre esto de la religión" (4386). Informado Felipe II del avance del luteranismo, la llegada de gentilhombre del Conde de Egmont, portador de carta de los señores de Flandes, le confirmó en sus temores: "escriben que el rey debería ir allí, que si lo dilata que son perdidos aquellos estados. Y de quien los quiera". Descontentos los naturales con el gobierno de Granvela, que dictaba la política a seguir a Margarita de Austria, urgía reunión de los Estados Generales, para que el pueblo pudiese expresarse, exponiendo sus quejas y aspiraciones, a través de portavoces acreditados (4386).

19.4.1561 Felipe II intenta hacer a J. de Austria General de la Mar . G. Pérez "lo tengo por burla"

Sesudos colaboradores del Rey, heredados del padre, le aconsejaron ponerse en camino de inmediato. No lo hizo, limitándose a suspender la repatriación de las tropas: "se dize que no sólo no los despedirán, más aun pudiendo el Rey crecer más número dellos, lo haría". Corto de luces el Regente Figueroa, no lo era hasta el punto de ignorar que el intento de mantener a los soldados en Flandes, traería malas consecuencias. Visto que no les "pagan ni alimentan... ellos se van y deshacen", sin aguardar despido ni transporte, causando desordenes por donde pasaban (4386). En puertas la última edición del Concilio, las tropas de Castilla abandonaron Flandes, pasando a Francia para ayudar a la facción papista de los Guisa. Encargado de la cuestión diplomática, el Prior Antonio de Toledo arrancó hacia París el dos de septiembre a "toda herradura", llevando mensaje y ofertas del Austria, en "beneficio de su iglesia católica". Y García de Toledo temió que de su encuentro con la Médicis, saldría alguna "fritada" (4348). La real familia aguardó el retorno del mensajero en Aranjuez, reintegrándose a Madrid por noviembre (4356). Anales y cotillas registraron actividad desusada. Valido y Presidente el Duque de Alba, se movió aire acordando sinrazones, cuyos frutos padeció el común: "los negocios van como suelen y agora se an declarado algunas provisiones harto fuera de lo que les parescía al Consejo, de que están maravillados. Y no ay hombre que querrá hallarse cerca del rey, pues no se ha de tomar su voto. Mayormente que lo qué se hace es para desabrir a los que han servido muy bien a S.M., que los hace el tratamiento como si nunca los ha de haver menester" (4338). Entre las promociones destacó por desatinado, el intento de nombrar a Juan de Austria Capitán General de la Mar (4370), viable en opinión de Felipe II, a condición de que le arropasen "buenos capitanes y consejeros" (4346). La iniciativa indignó a Gonzalo Pérez: "téngolo por burla y no sólo por los inconvenientes que V.E. dize, que son muy grandes, sino porque no le cumple a nuestro amo armarle contra su hijo, que no sabemos el valor que terná". En ciernes D. Carlos, nacido en 1545, el mismo año que el tío, "si este otro sale valeroso y se halla con el impío de la mar, quién sabe si se contentará con poco y si le ayudarán de Ytalia y de otras partes". Con experiencia en luchas dinásticas, el secretario confesó: "esto es lo que yo alcanço, porque como malo, soy sospechoso" y prudente, a juzgar por la coletilla recomendando secreto: "a V.S. suplico sirva para sí solo" (537).

28.6.1561 Cañas
28.8.1561 Incendio

Inviable el generalato del bastardo, pues no se encontró marino, que aceptase asesorarle, la promoción quedó pospuesta a tiempos mejores. Estaba la corte a punto de cambiar Toledo por Madrid, cuando llegaron "ruynes nuevas" de Francia: "cada día se van desvergonzando más en lo de la religión". Queriendo alejar a la Valois de malas influencias, el Rey despidió "7 u 8 " de sus damas francesas, dejando en su compañía un resto inocuo (4348). En estos meses el Príncipe estuvo ausente de actos y festejos, pues sólo aparece en la boda de Montesclaros, a la que también asistió Juan de Austria, por ser los reyes padrinos. Poco después Carlos pasó a residir en Alcalá de Henares, según la historia oficial en calidad de estudiante, en compañía de Juan de Austria y su primo Alejandro Farnesio, aprendiendo los muchachos latín "y otras cosas", siendo costumbre que los herederos de rey, como los de grande, estudiasen a domicilio, familiarizándose con su futuro. Por entonces se daba por seguro que el Rey iría a Monzón, llevando al hijo. Jurados los fueros y siendo jurados a su vez, seguirían a Flandes, presidiendo el Rey los Estados Generales y presentando al Príncipe, cuyo matrimonio con Ana de Austria, hija del Emperador, estaba concertado. Pero el Monarca pospuso la excursión, dedicándose a recorrer cazaderos y reales sitios, a los que sumó El Escorial, habiendo iniciado la obra del magno monasterio, en plena penuria. Trasladada la corte a Madrid, Parma y Juan de Austria se reintegraron a la vida social, participando tan brillantemente en los festejos, que retiraron a Felipe II del palenque, pues no soportaba que le superase mortal. Quedó el Príncipe en Alcalá, sin que la ausencia fuese notada (4348). Entre cortesanos se comentaba la negativa del rey, a dar a Juan de Austria el tratamiento de alteza, que había pedido, a más de no permitirle alojarse en palacio. El Bastardo lo buscó, en compañía de su ayo y consejero Luis de Quixada, en la posada de Bozmediano, junto a Santa María, "de 4 cuartos y de las mejores". Cierta noche se incendió la escalera. Dormidos los huéspedes, quedaron encerrados en auténtica ratonera, por estar todas las ventanas enrejadas, siendo milagro que no hubiese desgracias, pues el edificio ardió "sin quedar un palo". Perdió Luis de Quixada sus pertenencias, incluidas las escrituras de su mayorazgo, que arrastraba con su persona según costumbre, pero no Juan de Austria: "hasta en esto fue venturoso, porque no perdió cosa ninguna". Abarrotado Madrid, "hase mirado mucho" que el Rey no le recibiese. Sin mejor techo a la mano, el real bastardo se acogió a la capilla, donde "posaba" su tesorero, a la espera de que movimiento en cadena, pusiese residencia más confortable a su alcance. Le tocó la casa de Luis Núñez, junto a Santiago, liberada por el Conde de Feria, que se mudó a la de Juan Hurtado. Su inquilino, el Duque de Arcos, "se va a su casa" (4348). Año de fuegos, en septiembre ardió Valladolid. No se buscó culpable del incendio de la posada, pero la quema de Valladolid se achacó a los herejes.

En noviembre tuvieron lugar "grandes consejos", indicio de problemas proporcionales. De Flandes se dijo "que está muy perdido. Y que en Cambray y Tornay y Valencianas y Mons de Henao ay mucho luterano. Y que de noche se predica la seta de Lutero". Se anunció el real viaje tan en serio, que de resultas tuvo Felipe II un vómito. Declarándose enfermo por no moverse (4348), confundió rapiña con autoridad. Modificando el sistema fiscal en Flandes, puso de actualidad la requisa, inventando lo que hoy llamamos impuesto sobre el patrimonio. Con carácter extraordinario y por una sola vez, exigió el uno por ciento de los capitales, introduciendo de paso el impuesto de la alcabala, en su cota máxima del 10%, convencido de que al ser rico el país, podría sanear una caja real, excesivamente empeñada (4364). Desproporcionadas las cargas, fueron detonante de nuevos y graves disturbios, que recordaron los provocados poco antes, por la introducción de un Santo Oficio, edulcorado en sus principios. Angustiados los fieles al Rey, le llamaron con desesperación. Se guardó de comparecer, mandando tropas en su lugar. Siguiendo los consejos de Granvela, aplicaron severa represión.

2.8.1561 Boda. Asisten el Príncipe, D. Juan y los reyes
22.12. 1561 El Príncipe se tragó una perla

El Príncipe Carlos siguió los sucesos desde Alcalá. Es probable que por entonces se descubriese la obra magna del Príncipe, sobre los viajes paternos, pues en diciembre de 1561 corrió la primera anécdota, de las muchas que se difundieron, ridiculizando al muchacho, primer acto de campaña de difamación, que siempre fue herramienta habitual del sistema. Tendencia familiar la afición a la joyas (4342), nada tenía de particular que Carlos, comprador profesionalizado, informado de cómo se habían de morder las perlas, para descubrir las falsas, se las llevase a la boca. Se dijo que habiéndole llevado a "mostrar tres.., que eran buenas y de buen tamaño", sucedió "cosa harto graciosa. Se puso una en la boca y se la trago. Y después la echo por abajo". Repetido el cuento, Almaguer adjuntó breve semblanza del Príncipe. A sus 16 años "es estrañísimo en sus cosas, porque es determinado. Plegue a nuestro señor que sea siempre en lo que fuere su juicio" (4348). No era "determinado" sinónimo de caprichoso, pero sí de ser hombre que no se dejaban convencer. En cuanto al calificativo de "estrañísimo", nada tenía que ver con la inconsecuencia. Significaba que al pensar lo que otros no pensaban, diciéndolo, escapaba a los parámetros de los "políticamente correcto", siendo halagador el deseo de que siguiese "lo que fuere su juicio", pues indicaba que no lo tenía errado. Y que el peligro estaba en las influencias.

Todos los autores recogen la caída de Carlos en Alcalá. Cabrera la sitúa a 9 de mayo de 1562 y la cuenta: "bajando una escalera con poco tiento, boló" D. Carlos "muchos pasos", dando con "la espínula y cerebro en algunos". "Mortalmente herido", acudió el Rey de Madrid a visitarle, según costumbre, sanando el Príncipe gracias al cuerpo incorrupto de Fr. Diego de Alcalá, que al decir del Cronista metieron en su cama, poniéndolo sobre el enfermo. No habla el autor de amores del muchacho con hija del alcaide de su casa, causa de intempestiva salida y origen del traspiés, según otros. Pero apunta ampliamente a las resultas: "el cerebro del Príncipe mostró su lesión, estando la voluntad menos sujeta a la razón y ajustada con la de su padre. Y el cuerpo en menos buena conformidad de las partes y vigor, principalmente en la espalda", lo que dicho en otras palabras, significa que al no compartir Carlos la opinión paterna, se hizo acreedor a desequilibrio mental diagnosticado, si no a locura irremediable, con añadido de taras físicas. Se presenta al primogénito de Felipe II, como deforme en lo externo y faltoso en lo intelectual, describiéndolo así coetáneos, que le consideraban acreedor al infierno. Sin embargo no lo fue para el Embajador del Imperio. Encargado de informar a su señor, sobre la apariencia del yerno en potencia, lo describió bien parecido y de "buena proporción", aunque no muy alto. Sánchez Coello retrató al muchacho, teniendo alrededor de catorce años. Rubicundo, severo, según convenía a su posición y parentela, refinado y sin chepa, se dice que la disimuló el pintor, ocultando la cojera retrato de tres cuartos. Chismosos los cortesanos, informe anónimo de 14 de mayo y carta de García de Toledo "el Gaçapo", dirigida al otro García de Toledo (4343), permiten reconstruir el contexto y efectos del topetazo, para tener lugar el suceso, en la más estricta intimidad. Estando alteradas las provincias flamencas y siendo la herejía bandera de los descontentos, no es de extrañar que recordando el incidente de Luján, Felipe II se interesase por la pureza ideológica de un hijo susceptible de contagio, por haber sido educado a la sombra del Emperador, bajo el influjo de ayo erasmista y en corte sobre la que imperaba Consejo de Estado más que dudoso, del que formaron parte el Licenciado Otalora y el Virrey García de Toledo, apartados y en funciones secundarias, por ser proclives a mostrarse comprensivos con desviaciones heterodoxas (3) (4373).

14.5.1562 Anónimo. Caída Alcalá
22.5.62 "El Gazapo"

No estaba Felipe II en Madrid cuando se produjo el accidente, que relata clérigo del Obispo de Urgel, entonces en Alcalá. El miércoles 6 de mayo de 1562, mediada la mañana, se encontraba en Alcalá de Henares, departiendo con el hijo a puerta cerrada y sin testigos. Requerido el Gaçapo por el Rey, encontró a Carlos descalabrado e inconsciente, con un fuerte golpe en la cabeza. "Durmió" de 5 1/2 a seis horas "y recordó muy tarde". Recuperado, "salió su Magestad a bísperas" sin consentir que acudiese médico. "En biniendo" de la iglesia, Felipe II "se entró en la cámara del Príncipe y invió por los físicos". Informados del prolongado sueño del enfermo, "concluyeron que estava mejor. Y le hallaron que le salía un calor de la una parte de la cabeça y se le iba mudando de un lugar en otro y lo tuvieron a muy buena señal por dos cosas: la una porque salía afuera. Y la otra porque se hechava aquel calor fuera". Sin mencionar brecha o herida, que aparece en circular oficial, el "Gaçapo" cuenta que confiando en "el esfuerzo de natura", aunque no faltasen "calentura y cámaras", los doctores pronosticaron que al día siguiente, "jueves por la mañana, le hallarían la cabeça hinchada como la hallaron. Y por la inchazón le quisieron purgar". De caballo el remedio, "le dieron una purga con la qual hizo ocho cámaras muy de presto. Y le dexaron muy fatigado y con la flaqueza, se estava no con poco cuydado". Pese a ser el tratamiento más nocivo que su causa, la "fortaleza y juventud" del doliente, ayudaron a resistir el tratamiento. Visto el desaguisado, los médicos dijeron que "aguardavan la mejora para el sábado a los VIIII, que a la una después de comer entraría en los XXI", cifra cuyo significado nos escapa, pues no puede referirse a la edad del Príncipe, a punto de cumplir 17 años, ni a los días transcurridos desde el incidente (4388), pues se produjo a 6 de mayo, trasladándolo la historia al 9 (4) En carta del 21, "el Gaçapo" completó el relato de la enfermedad: "el mal del Príncipe Ntro. Sr. fue cobrando fuerças, de manera que las humanas desmayaron". Desconfiando "los que le curavan de aver remedio en su salud, esto llegó tan al cabo que teniendo S.M. por muerto a su hijo, se fue a recoger a San Gerónimo de Madrid". La ausencia del Rey, que no el cuerpo de Fray Diego de Alcalá, al que para nada se refiere García de Toledo, obró el milagro: "la mesma noche, una hora después de partido" el Monarca, "aviendo y dos días que no dormía ni reposava", "le vino sueño y durmió con reposo razonablemente. Esto fue el principio de çomençar Dios a hazernos merced. Y como obra de su mano a ydo siempre la mejoría adelante". Repuesto el Príncipe, pudo soportar la presencia del padre: "S.M. bolbió y a estado aquí hasta oy, que se buelbe a Madrid y deja al Príncipe con gran mejoría y sin calentura. Yo espero en Ntro. Sr. que presto estará bueno" (4342). En resumen, hubo golpe en la cabeza a 6 de mayo, siendo el Rey el único testigo de un accidente, que no explicó cómo fue. Agravado el estado general del enfermo a consecuencia de purga, remedio de lamentable reputación en las altas esferas, el Austria se ausentó, retirándose en monasterio, según acostumbraban las personas reales al anuncio de duelo o parto en la familia. Nadie daba un chavo por la vida de Carlos, pero alejado el padre, se sumió en sueño reparador. Fuera de peligro, "el Gaçapo" le dio por curado a 21 de mayo, quince días después del accidente, pese al regreso del Rey (5).

Circular oficial difundió el suceso, llegando a Barcelona con singular premura, pues salvo error del Virrey, la recibió a 7 de mayo. Sucinta, anunciaba que el Príncipe "dio estos días una cayda y se hizo una abertura en la cabeza". Alarmado De Toledo, escribió a su homónimo: "ayer tuve un correo de S.M. Y me scrive que estaba con peligro, que hiziese hazer procesiones en este reyno, rogando a Dios por la salud de Su Alteza. A Él plegue guardalle como deseamos, que si de otra manera suçediese, sería pérdida inestimable y muy gran desgracia" (4330). La palabra "inestimable", reservada a las grandes ocasiones, unida al término "pérdida", refiriéndose a un D. Carlos, de sobra conocido por el Virrey, prueba que no se consideraba la personalidad y naturaleza del muchacho, amenaza para el futuro del país. Por no dejar a De Toledo en excepción, Suárez de Figueroa compartió su inquietud desde Génova: "de la desgracia subçedida al Príncipe ...[de] la cayda quedo avisado. Y del peligro en que se allava, de lo qual he recivido la pena que V.I. puede considerar. Y así deseo en estremo... el buen suceso de su salud". El Embajador se inquietó de nuevo, a primeros de junio; "yo estoy con la mayor pena de mundo asta saver la mejoría" (4378).

Quizá por estar más cerca del Rey, en carta de 23 de mayo, cuando en Madrid era público que Carlos no moriría a causa del percance, Vargas se manifestó conciso. Sin aludir al accidente, se refirió a la "falta" de salud que "ha tenido nuestro Príncipe estos días". Y lamentó que les hiciese andar "algo apretados. Ya, loado Dios, está mucho mejor" (4355). Reconociendo al chico "complexión" y "natura" resistente, quizá por saber entresijos, para los demás ocultos, el secretario clamó por reemplazo. Quejándose de la escasa afición, que mostraba Felipe II hacia su mujer, suplicó al Altísimo: "plegue a él que estas aldavadas aprovechen algo para que S.M. mude su condición, en la forma del negociar, que segund andan las cosas del mundo, bien sería menester más resolución y presta execución" (4355). La referencia a las "cosas del mundo", indica que los defectos de Carlos tocaban a la "cuestión principal", es decir a la herejía, que mantenía en ascuas Flandes y Francia, inquietando en Cataluña e Italia. "Apuntamiento" de 1562, sin fecha de mes ni día, nos ilustra sobre lo que pudo suceder en Alcalá de Henares el 6 de mayo. Lo redactó el Virrey García de Toledo, en respuesta a las quejas que le hizo llegar el Príncipe, a través de su hermano, Luis de Toledo (6). No debió ser cómodo ni agradable para el alto funcionario, verse involucrado por D. Carlos en su problema. Le apreciaba, pero ningún servidor de Monarca absoluto se arriesga, ayudando al amigo en desgracia, cuanto menos a un heredero de la corona, estando el titular lejos de la sepultura, en tema de tanta gravedad y peligro. El muchacho pedía el socorro de una voz, que denunciase de fronteras y puertas afuera, lo que estaba ocurriendo en el seno de la familia real.

Deber del Virrey mandar la carta al Austria, agravando la situación del Príncipe, siendo el del humanista, condicionado por la ética, informar al Papa y al Emperador, poniendo en juego su carrera, en intento de librar a la cristiandad de un esquizoide, que habría de condicionarla a siglos vista, probablemente sin conseguirlo, García de Toledo escogió oscuro término medio. No hizo lo primero, ni asumió más riesgo que el de redactar minuta, conservada entre sus papeles personales, de lo que su hermano Luis habría de transmitir "de boca" al Príncipe, procurando tranquilizar su ánimo con sarta de consejos. No queriendo complicarse la vida, García de Toledo se abstuvo de desengañar a Carlos, engañándole con descaro. Por ser de rigor, el discurso se inició con declaración de lealtad: "podrá v.s. dezir a S.A., de mi parte", que "por inclinación, por boluntad y obligación, no tiene S.A. hombre en el mundo que más le quiera que yo, i con quien más libre y seguramente pueda hablar que conmigo". Tras afirmar que nunca había creído los chismes, que corrían sobre su persona, Luis habría de hacer creer a Carlos que "se me haría grandíssimo agravio, si en cosa tan importante como sería no ser conoscidas sus obras, limpieça y sinceridad, como en su carta me apunta, si me callase el fundamento que ay para creello". Aseguró que las sospechas del muchacho, pese al accidente recientísimo, únicamente podían proceder de "malas informaciones". Luis de Toledo procuraría "desengañar a S.A. en algo en este negocio", manteniendo que el Virrey cumplía "en todo con lo que debo", no estando en su mano poner en conocimiento del Papa y el Emperador, las acusaciones vertidas por el príncipe, en tanto no tuviese pruebas contundentes: "le suplico aunque sea demasiado atrevimiento, que si es cosa de que se me pueda hazer parte, me haga S.A. merced mandarme dar la que fuere servido, para que así pueda entender mejor si ay causa bastante, para creer o sospechar S.A. lo que me escrive. Y si la hubiera se pueda desde luego venir al remedio..., desengañando con la verdad do fuese necesario". Pero entretanto habría de "aquietarse S.A y hazer lo mismo todos sus servidores" (4342), pues aun siendo cierto lo que afirmaba, de no poder demostrarlo, no sería creído.

Claro había de dejar Luis de Toledo, que "yo quedo bien satisfecho que esta sospecha no se puede tener de la voluntad de S.M., como V.S. y yo lo hemos tratado, teniendo y haviendo tenido siempre S.M. a S.A., en la opinión que todos sabemos. Y haviendo S.A., por su parte, correspondido siempre". Deseando el Virrey "no tratar más en este negocio", se habría de convencer al preso de que el Rey no albergaba intención siniestra, cuando menos hacia su persona. Reputado el joven de poseer inteligencia, tan despierta como extraña, García quiso neutralizarla, recomendando pasividad "dirá también V.S. a S.A., que aunque su juycio sea tan raro", la excesiva seguridad en el propio cacumen, podría llevarle a "cerrarse en sus cosas y resolverse de sí mismo en ellas", imaginando fantasmas. Aislado en su momento "con muy gran razón, cuando "empeçó a señorear", por tener pocos "de quien poderse fiar que le aconsejasen la verdad", en adelante habría de "resolverse de solo". Teniendo "S.A. muchos que le quieren y aman", haría bien en tomar su consejo, sin obcecarse en falsos temores, perjudiciales para su ánimo y reputación. Por si el chico no lo sabía, le diría Luis que de tres o cuatro "misas a esta parte", la maledicencia en torno a su persona, estaba desatada: "han dicho y dizen artos disparates", que "traen escripto ser malinidad de los émulos que S.A. tiene, que yo por quanto ay en el mundo, no quería que tubiesen un solo pelo a donde asirse, como ya lo procuran hazer". Le acusaban de recelarse de "la venida" de Juan de Austria. Y de haberse buscado "mucha gente estraordinaria", manteniéndola a su lado y a su cargo, con intención de "ver de dar sombra y escandalizar a S.M., hasiendo muy gran ruydo de qualquier otra provisión que se haga en este estado, mayormente en las tierras de marina". Tras apuntar a la Capitanía General de la Mar y al favor manifiesto que ofrecía Felipe II a su hermano bastardo, dijo comprender que la injusticia generase celos y éstos enemistad, por ser pública la que separaba a los dos jóvenes, desde que estuvieron juntos en Salamanca. Mejor aconsejado y peor lengua D. Juan, "por atajar esto", quitando "asidero" a "falsas interpretaciones", pues "estas provisiones se deven de hazer", aun contra la voluntad del Príncipe, el mandadero advertiría a Carlos del porvenir que le aguardaba. Advirtiendo que adquirir consistencia las calumnias, justificarían represalias, por lo que: "querría antes perder los ojos, que ver poner en ninguna tierra de S.A., más guarda de que ordinariamente suele haver en ellas". Para terminar, Luis de Toledo insistiría en "las causas grandes que ay, para poder S.A. estar bien seguro de la voluntad de S.M" (4342).

23.12.1561 El Príncipe en Alcalá
22.11.1562 Lo que el Rey le mandare
26.12.1562 Entrada D. Florencia

Recibida la embajada, el Príncipe comprendió que nadie habría de ayudarle, por aconsejar razones políticas y económicas para apartarse de un caído, alejado del trono por padre excesivamente joven. Contemplada la realidad tal cual era, Carlos optó por doblegarse, tomando por ejemplo al país. Almaguer recogió la novedad, en carta de 25 de noviembre de 1562: "hablan de casar al Príncipe, porque responde que hará lo que su padre le mandare. Y ansí hablan que será con la princesa, que si esto se concierta, será la mejor medicina para quitalle las quartanas, por el contentamiento que S.A. recibirá con la nueba" (4348). Parece haber sido esta Princesa su tía Juana, lo que apunta a disolución, cuando menos temporal, del compromiso austriaco. De haber sido así, tendríamos el primer indicio de que Felipe II, había decidido alejar al hijo de la Corona, pues dada la edad de la novia, no era probable que tuviese descendencia. En cuando al término "mandare", al no ser susceptible de doble lectura, hemos de colegir que Carlos, debidamente escarmentado, depuso su rebeldía, plegándose a la voluntad paterna hasta en el pensamiento, en la esperanza de disfrutar de un bienestar, que le fue negado hasta entonces. El prolongado ostracismo y las "quartanas", repetidas en Alcalá, desaparecieron en la corte, pero aún estando el chico mejor tratado que antaño, parece haber sido mantenido al margen de juegos y fiestas, no siendo posible determinar si la marginación se debía a inclinación natural, o imposición. Es probable que el padre desconfiase de la curación, por ser difícil erradicar los males de carácter intelectual. Al manifiestarse peligrosamente contagiosos, optó por mantener a Carlos prudentemente apartado, reduciendo su presencia al acto puntual, como el recibimiento del Duque de Florencia. Encabezó el desfile, llevando al huésped a su izquierda y a su derecha a Juan de Austria, cuando dio la nota. Rezagado Alejandro Farnesio por imposición del protocolo, "hizo el Príncipe como que no quería pasar su caballo adelante y tuvo lugar el de Parma de llegar. Y ansí se detuvo nuestro Príncipe, siempre un cuerpo o dos de caballo", reuniéndose con otros señores, no sabemos si por manifestar deferencia, preferencia, o la animadversión que le inspiraba el tío, adornado con reputación merecida de petulante. Notorio que ambos jóvenes no se entendían, Felipe II los reunió con motivo de cacería de lobos, celebrada en Aranjuez a primeros de año, a la que asistió D. Juan por devoción y Carlos por obligación (4348). Del real sitio el Príncipe pasó a Madrid, recibiendo en febrero de 1563 cajas remitidas por el Duque de Alcalá, Virrey de Nápoles, conteniendo objetos de arte y reliquias del pasado, que revelan aficiones refinadas. Herido el capitán Juan Pérez de Vargas, encargado del transporte, pidió el ayo García de Toledo, al García de Toledo, Virrey en Cataluña, que hiciese seguir el envío: "Suplico a V.S le mande despachar con brevedad, que en ello reçibiré muy gran merced y S.A. servicio" (4342).

La violencia de estado no tropezaba con oposición en Castilla, pero al saber en Flandes que Trento autorizaba la introducción del Santo Oficio, en todas las provincias de Felipe II, la población se agitó, siguiendo Italia, donde no se hablaba "sy no de armas". Triunfantes los luteranos en Francia, "sy presto no se remedia" en Roma, "no está seguro el castillo de Sant Angelo, segund lo que se oye" (4981). Perdido el respeto a la Iglesia, Hernando de Torres, preso de la Inquisición, por haber sido testigo de la muerte del Cardenal de la Cueva, se permitió insultar a los jerarcas del Santo Oficio: "pareciéndome a mí que procedían con términos inusitados, les dije algunas injurias". Encausado, pasó en las cárceles del clero 55 días, siendo puesto en libertad sin pena, culpa, ni arrepentimiento, por estar tan violentada la opinión, que la flexibilidad se impuso, cambiando de actitud unos jueces, poco antes implacables (4981). A punto de terminar el Concilio, el Emperador prohibió a sus embajadores, intervenir en las comisiones, ordenando a los pocos días "que se partiesen de Trento". Violenta la reacción de Pío IV en un primer momento, tras consultarlo con la almohada, se calmó. Aunque el areópago no rodase a su gusto ni al de Felipe II, al no estar la Iglesia para nuevos cismas que mermasen sus ingresos, optó por contemporanizar. Afines los prelados españoles a la casa de Austria, el Papa les pidió que aplacasen a Maximiliano. Reincorporado el Imperio a la sesiones, en octubre de 1562, el Pontífice se felicitó, considerando mal menor las "dificultades", creadas por la delegación alemana (4981). Alterado el equilibrio en Francia, se minimizaron las discrepancias. Preso el Príncipe de Condé y a punto de perder la cabeza, un luterano asesinó al de Guisa, por el mes de marzo (4348), haciendo posible el tratado de Amboise. Estando reunidas las Cortes de Castilla, se dio por sentado "que S.M. sea forçado a abreviar... Y quiçá haver de pasar a Flandres", por ser grave el efecto que la presencia de los inquisidores causó en las provincias. Temiendo al viaje, el Austria se inclinó por el mal menor. Y volvieron a "sonar" cortes en Monzón (4364). Fijada fecha y obligado Felipe II a presentar a Carlos, se retiró al Monasterio de Guisando con el hijo, queriendo descubrir los entresijos de su conciencia: "no se sabe por quántos días hará la ausencia, porque está allá con S.M. el Príncipe". Apartados los íntimos, Alba se metió en Yuste, pasando las fiestas de Resurrección en Abadía, con los de su partido (4273). Convocados los procuradores de Aragón el 7 de agosto, viajó la corte bajo el calor de un tórrido verano. Juró el Rey pero no consta que fuese jurado, señalando Cabrera que aquellas cortes "fueron muy litigiosas". La documentación revela revuelta con visos de "guerra civil" y corolario de atentado contra el Rey. En octubre preguntaron a García de Toledo, desde Trento, "cómo le va con la inoportunidad de esas cortes, que según ha días que están represadas y estos reynos están atenidos a sus fueros y libro verde, suelen se pessadíssimas" (4986). El Virrey no dejó constancia de su respuesta. Aprendida la lección, el Austria se abstuvo de cruzar la frontera. Con parada en Barcelona, regresó por Valencia. En Madrid le aguardaban malas noticias.

El embajador de Francia, molesto por inminente victoria de los integristas, abandonó el Concilio. Leídas "las oraciones" marchó a Venecia, "en manera de protestación" por el desarrollo de las discusiones. Temiendo ruptura de la inglesa, el Cardenal de Lorena comunicó el incidente a Madrid, prometiendo que haría lo imposible, para conseguir el regreso del prófugo (4349). El Obispo de Comenges se reintegró precipitadamente a su diócesis, con intención de expulsar a los herejes, introducidos por su sobrina, la reina de Navarra. Y llevó las de perder. Despojado de las "letras" que enviaba a Madrid, dedicando a Jeanne"injuriosas palabras", temió lo peor y amenazó a su Reina, en carta a García de Toledo: "le costará la vida, de manera que la dicha haze lo peor que puede". Decididos los Monarcas "de acá", a no aplicar los decretos del Concilio, Labrit se prometió obligarles con ayuda de España, prometiendo que la venganza estaría servida cuando "yo vaya, que será en breve, por cosas que importan a S.M., el qual será contento de mi ida" (4986). Pero Felipe II no quería problemas en el pequeño estado, considerando suficiente el gasto que hacía, ayudando a la Corona francesa contra sus herejes, a más de detener el avance del cisma en los propios.

Carlos 1564 S. Coello
Isabel 1565 Anguissola
Felipe II 1570 Sánchez Coello

Terminado el Concilio, queriendo dar prueba material a sus vasallos, de que sería inútil oponerse al Santo Oficio, rodaron cabezas en Nápoles, Sicilia y Flandes. Partidario Granvela de cortar cuantas fuese necesario, para silenciar a las restantes, pues así lo probaba el ejemplo de España, al saber diferentes a los flamencos, la virreina titular, Margarita de Austria, hubo de enfrentarse a coro de señores, que exigían moderación. Respondió el rey con orden terminante, de aplicar las actas de Trento. Sin preceder reunión de los Estados Generales que lo autorizase, se introdujo la Inquisición, siendo celebrado un primer auto de fe, de carácter disuasorio. No teniendo los flamencos por costumbre ser quemados, por haber incurrido en el delito de pensar, innecesaria la protección de potencia foránea contra el turco, por no frecuentar sus costas, lo que sucedía a los vasallos del reino de las Dos Sicilia, el estreno no estuvo exento de incidentes. Zapata, Correo Mayor de Nápoles, en carta de 8 de diciembre de 1564, comunico las novedades de Bruselas. Quemado clérigo revoltoso, el público enardecido, apedreó reciamente a los frailes inquisidores. La respuesta no se hizo esperar: "avísanme que avían cortado la cabeça a una persona principal, porque fue el primero conmovedor de tirar las piedras a la justicia, quando quemaron aquel frayle que dixe a V.E" (4383). Iniciada la espiral represión de estado - violencia popular, se impuso la dinámica revolucionaria de las matanzas y revueltas, que culminó en la independencia de las Provincias Unidas.

19.4.1564 Nuevas tercianas del Principe
4.7.1564 La reina ve la joyas. Se queda con tres rubíes
31.7.1564 El Príncipe pagará las piedras que tomó la reina
2.9.1564 La mejora de la Reina ha sido como "resucitar"
30.10.64 El Rey en Segovia. La Reina y el Príncipe, buenos.
24.1.1565 El Rey en Alcalá. Quiere canonizar a Fr. Diego por curar al hijo
24.1.65 "El Príncipe se va exercitando y desenvolviendo en gran manera". Anda 1 legua
28.12.1565 El rey durmió con la Reina. El Príncipe "mata" caballos. Carreras de 2.500 mts.

En abril de 1564 Carlos estaba en Alcalá. Serias las tercianas, se dice que testó a 19 de mayo. Habiendo prometido Felipe II al Papa ir de una vez a Flandes, llevando "consigo al Príncipe", pero sin intención de cumplir, en junio de 1564 dejó a Carlos en Madrid, en compañía de Isabel de Valois, queriendo divertirse en sus cazaderos, sin cargas familiares. Es posible que en esta ausencia del rey y ciertas joyas se encierren claves, determinantes en la oscura muerte de Carlos. Necesitado como siempre de dinero, García de Toledo remitió a Juan de Argote lote de joyas que fueron de su mujer, Victoria de Colonna, suponiendo que en la corte alcanzarían mejor precio. Para no equivocarse al pedir, mandó tasarlas previamente. El tasador dio el soplo en Palacio, manifestando Carlos el deseo de verlas. Muy contra su voluntad, por ser conocida la morosidad de las reales personas, el corredor las presentó al Príncipe, por no tener otro remedio. Eligió "la cinta y los camafeos, quatro sortijas y çinco pieças de cristal, que lo quiere todo por la tasa". Malo el traspiés, no sería "lo peor". Enterada la Valois de que se exhibían gemas en su domicilio, acudió a contemplarlas: "vio el collar de piedras y mandó que se quedase allí, que le quería ver en su aposento. Y después quitó del tres rubíes y embiome a llamar", devolviendo la joya mutilada, con promesa de pagar por las piedras, "todo lo que se perdiese de la tasa", en el precio del collar. Devaluado, Argote intentó recuperar los rubíes, pretextando que el propietario no tenían intención de vender, si no solamente valorar, para repartirlas entre sus hijas, "y que hasta que esto fuese, yo no tenía horden de vender cosa alguna". Pero las reales personas no están programadas para renunciar. Isabel conservó las piedras, reteniendo el Príncipe lo "que le a parezido. Y no sé segund su condición lo qué querrá hazer" (4347). Conocida la personalidad de los probables compradores, los tasadores quisieron halagarles. Tasando a la baja, pusieron el lote en 5.000 ducados, de los que 3.000 correspondían al collar y 1.500 a las piedras, retenidas por la Reina. Generoso, Carlos asumió el compromiso de pago, quedando "obligado a saneallo" (7). Al pasar los días sin que el Príncipe hiciese intención de liquidar, García de Toledo renunció a vender, cuando menos en España, reclamando sus pertenencias: "también se me pueden ynbiar los tres papeles en que ay ciertas perlas, que están tasadas en 49 ducados, que ansí mismo no quiero que se vendan". Le recuperación no sería sencilla. Habiendo permanecido juntos y solos en Madrid el Príncipe y la Reina, desde el mas de junio, el regreso de Felipe II, se complicó la cuestión de las joyas. No se sabía que la Reina estuviese embarazada, pero sí que por septiembre abortó de feto de tres meses (1287). En octubre lamentó Argote: "en las que tiene el Príncipe Ntro. Sr. no excedo, por no poder más, pero haré mi diligencia. También tiene la calabaza de hébano llena de ámbar. Mañana se la pienso pedir". Carlos la devolvió, con las perlas, no soltando Isabel una piedra: "tengo entendido me mandará pagar los rubíes que quitó del collar, conforme a lo que V.E. dice que costaron: el rubí tabla a 1.700 ducados y los dos berruecos en 600. Lo demás a la tasa salvo una sortija", puesta en 250 ducados, aunque valía 300.

Seriamente enfermos enfermos el Príncipe y la Reina, a principios de 1565, Felipe II se empeñó en canonizar a Fr. Diego de Alcalá, "porque su cuerpo salvó al Príncipe" (4344), refiriéndose González de Vera al doliente en términos, que indican excelente rrecuperación: "anda los más de los días más de una legua a pie por el campo. Y toma sus lecciones de armas y de dançar y cavalgar en caballo. Y con esto a crecido y enderezandose un poco, aunque la condición no ha terminado de reformarla" (4344). Esta "condición", sin duda espiritual, preocupaba en el heredero del trono. Avezado deportista, quizá por alejarse de la funesta manía de pensar, "se da tanta priesa en ser buen hombre de a caballo, que mata cuantos tiene en su caballeriça él y su padre, sin poder tener tanta confianza en su fuerza y destreza, que no se pueda temer alguna desgracia, porque lo toma por extremo. Y de no parar de una carrera media legua" (4344). Coloquial el lenguaje, es sabido que ningún caballo ha muerto por galopar dos mil quinientos metros. Pero tomada al pie de la letra, por los autores de la "leyenda blanca", se dice que Carlos maltrataba a los equinos pie a tierra y en la cuadra, práctica tan absurda como peligrosa (4344). Cabe que Vera se refiera a enmienda intelectual, coincidente con renovación de la casa.

García de Toledo el "Gaçapo", ayo de lealtad probada, murió en enero de 1565 (4373), perdiendo la historia un informador. Le sucedio Luis de Quixada, como caballerizo mayor. En cuanto al Príncipe, "dize que me librará aora los dineros que deve de lo que tomó". Pero en febrero no había pagado. Renunciando a la recuperación, De Toledo buscó la solución menos mala: "yo quisiera que S.A. tomara el collar como estava, porque sin las pieças que se han quitado, se allará mal de vender. Y cierto que los berruecos costaron 100 ducados más de lo que fue en la memoria". Se trató de reemplazarlos con 4 rubíes tablas, que se buscarían en Portugal, donde los había desde 200 escudos. Y se aguardaron los reales dineros, no habiendo sido entregados en mayo: "lo que deve el Príncipe n. s. aún nunca me lo a librado. Aguarda cierto servicio que le han ofrecido en Nápoles". Sucesos ajenos a la voluntad de D. Carlos, complicaron el cobro. De la situación da cuenta el Prior Antonio de Toledo: "lo de aquí se trata con arta poca autoridad y poco cuidado. Y al fin yo te digo que nos caerá a questas y presto, pues el Príncipe que tenemos lo remediará. Tú, García, no ay que tener esperança". Refiriéndose al futuro de la generación por venir, la declaró sin porvenir: "por Pedro me pesa, que por lo demás nunca acabo de dar gracias a Dios, de que me hizo frayle" (4341).

11.3.1565 Llegada del Conde Egmont a Madrid. Resistencia de Felipe II a ir a Flandes. Impopularidad Granvela. Orange y Hornes al servicio del Rey

Descartado que la montaña se acercase a Mahoma, los señores de Flandes designaron portavoz al Conde de Egmont. Tenía por tarjeta de presentación, las victorias de San Quintín y Gravelinas. Salió de Bruselas el 11 de enero de 1565, yendo "todos los señores desta corte a acompañarle" hasta el camino, probando materialmente que llevaba su representación (4383). Entró en Madrid al mes siguiente, siendo recibido según correspondía. Hubo torneo escasamente brillante, pues con "entrar" más de 50 caballeros, sólo se quebraron 6 lanzas, destacando Juan de Austria: "anduvo tan bonico, que era placer verle". El fracaso no estorbó sarao nocturno, con reparto de premios. Los aceptaron los agraciados, aun siendo inmerecidos, porque todo tuerto en país de ciegos, ejerce de rey. Terminada la fiesta, Egmont mereció el honor de ser invitado al Pardo, pasando dos o tres días en compañía de Felipe II (4344), exponiendo con tiempo sobrado, los asuntos que traía. Contó que quejosos los flamencos, a causa del mal gobierno y los abusos de la justicia, pedían que Granvela fuese alejado. Egmont creyó conseguir indulto general, para los implicados en los desórdenes, por haber sido la violencia efecto de provocación, promesa de sacar la Inquisición de Flandes y de que Felipe II cumpliría el compromiso, contraído con el Papa, de viajar a las provincias en compañía del Príncipe, para ser jurados, escuchar a los Estados Generales y solventar demandas, pendientes y añejas. Creída la real palabra, corrió por Madrid "que S. M. avía resolvido venir en Italia y llevar consigo al Príncipe, quando S. M. partiría" (4384) para Flandes. Firmadas las cartas y entregadas al Conde, Felipe II limpió su conciencia compareciendo secretamente ante escribano, para anular en escritura lo hecho, alegando haber cedido forzado y contra su voluntad. En el mismo día partió correo de Madrid, con instrucciones secretas para Margarita, haciendo el camino a Flandes y pisando los talones a Egmont. Habiendo salido Granvela de Bruselas sin licencia real, metiéndose en Boulougne por propia iniciativa, temiendo por su cabeza, los flamencos achacaron la retirada a orden de Felipe II. Llegado el Conde, la Gobernadora publicó indulto y compromisos, sin sospechar que venía de camino correo del hermano, con orden en contrario. Recibidos los despachos apenas terminado el acto, que aún celebraba la población, no tuvo más remedio que revocar las gracias que acababa de hacer públicas, publicando amenaza de represión sin contemplaciones. Comprendiendo la gravedad de la desilusión, reclamó por enésima vez la presencia del hermano. Obligada a justificarse ante los flamencos, al no tener mejor argumento, tachó a Egmont de mentiroso. Indignado el Conde regresó a España, sin pedir licencia y a uña de caballo, dispuesto a lavar su honor, exigiendo explicaciones al Rey, coincidiendo con victoria de los católicos en Francia (4347). Rechazado poco antes a las puertas de París por el Condestable, Guisa forzó brillante entrada en la capital, que colmó a Felipe II. Dejándose llevar por su nacional - catolicismo, se congratuló porque "a baxado mucho al Vicecanciller, que es buena nueva para los cathólicos, siendo la cabeça y fundamento de los hugonotes" (4384). Por animar a Catalina de Médicis en el buen camino que había tomado, o por dar a la esposa ocasión de hablar, el Austria organizó "vistas" de Isabel con su madre, "a la frontera de Bayona", para el mes de abril.

Mayo 1565 Consejos en el Bosque de Segovia. El Príncipe. D. Juan

Enterado Juan de Argote alquiló local en Madrid, para exhibir las pertenencias de Victoria Colonna. Imposible dar salida a los vestidos, "por respeto de la plemática" del lujo, que prohibía lucir sedas, brocados y telas bordadas de oro y plata, en previsión del real viaje, colocó "a buenas ditas" y fiado, en joyas, camas y objetos, un total de doze mil ducados, incluido "hilo" de perlas que salió en el verano, por 5.000 ducados, "atento que me informé que era cosa que se gastaba con el tiempo". De haber exigido pago al contado, "no creo se hubieran vendido 1.000 ducados... Es tanta la falta de dineros en esta corte, que con estar la reina n.s. de partida para Francia, a verse con su madre, no a avido quien compre, así de joyas como los vestidos ni la litera", pese a no haber visto la corte "tan rica almoneda", de muchos años atrás. La visitó la Valois con sus damas, pero la que en privado se quedó con los rubíes, en público no embarcó un maravedí (4347). Estaba la corte "levantada con esta partida", suspirando las damas por visitar "la frontera de Fuente Ravía", a la parte española, pero sufrieron tremenda decepción. Quedarían en Madrid, "porque S.M. quiere yr tan a la ligera, que no quiere llevar sino compañía menos embaraçosa", reducida a "las françesas y la señora doña Magdalena Girón" (8). La exclusión dio lugar a "gran desconsuelo... para las sayas recamadas, que teníamos hechas". En marzo se decía que el Rey haría "parte del camino, porque hasta aora tiene determinado de visitar algunas fronteras. Plugiese a dios se acordase de las de Perpiñán y Puigçerdán" (4376). Previsto que terminado el retiro pascual en Guisando, Felipe II "tomará a su mujer antes que entre en Valladolid", Vargas fue agraciado con "licencia por dos meses" de vacaciones, que se suponían suficientes para rematar la jornada (4355). En Valladolid se encontraron los Monarcas, obsequiándoles la ciudad con fiestas de toros y juegos de cañas. Huésped Juan de Austria del Conde de Benavente, que "agora sólo posa en su casa, aunque otras veces suele ser en Palacio" (4344), ofendió a su anfitrión, saliendo en la cuadrilla del Almirante: "dicen los yntérpretes que fue muy mejor juego y más buenas las breas, lo que se hiço en Medina del Campo". Según Argote, en la capital "fue cosa de ver la plaça, de muchas mugeres hermosas en las ventanas. Y tanta gente y cadhalsos, que no avía un pie desembarazado" (4347). El 13 de mayo los Reyes durmieron en Çigales, donde quedó Felipe II: "creo que no pasará adelante, como se pensó cuando partió de Madrid". Haciendo el 15 etapa en Dueñas (4347), la Valois llegó el 18 a Tadajoz, "dos leguas de Burgos", donde hizo "alto por la suspición de la peste que allí ay. Y no determinándose a entrar" en la ciudad, mandó preguntar su "parecer"

8.7.1565 La Reina va a verse con su madre. El Cardenal Pacheco, ofendido, hace correr voces de peste, porque no entrará bajo palio

al rey, que estaba cerca del Bosque de Segovia, "adonde allega esta noche". Convencido de haber contagio en Burgos, ordenó a su mujer seguir por Lerma, Covarrubias, Santo Domingo de la Calçada, Logroño y Pamplona: "según esto la junta habrá de ser en Roncesvalles", donde "fue entregada" Isabel, al tiempo de sus bodas (9) (4348). Con intención de pasar en el Bosque de Segovia de 15 a 20 días, el Rey hizo venir de Aranjuez a la princesa de Portugal, los de Bohemia y el Príncipe, por tener consejo, "que algunas veces en cosas semejantes y de calidad le suele meter, para que comience a romperse y tener plática en los negocios". El Monarca anunció que seguiría a la Reina "por la posta" (4347), viaje que nadie tomó en serio, por estar tocado de "la gota". En aquel consejo, Carlos fue testigo de descarada promoción de Juan de Austria, nombrado consejero de estado en plena juventud: "tiene muy bonico entendimiento y gracias de mochacho. Y bonísima intención y condición. Y está prevenido de lo del secreto, que en eso harta cordura tiene".

1565 Mayo. El Rey, J. Austria y D. Carlos, disfrazados. Reciben a Reina. Venia de Burgos

No fue el esposo en seguimiento de Isabel, pero preparó el recibimiento, participando el Rey, D. Carlos y D. Juan que: "anduvieron" disfrazados por las calles, "cada uno de por si" (4344), presenciando torneo a caballo "de caballeros mançebos", celebrado el domingo: "hartos sobrinos de V. E., se an de hallar en él", señaló el Prior. El Conde de Egmont incurrió en el grave desacato de entrar en la corte, sin ser llamado ni autorizado por el Rey, en torno al 13 de junio. Cuando se celebró el festejo del recibimiento de la reina, "abía ocho [días] que llegó" (4347). La estancia fue más desagradable que fructífera. Mal visto por el Rey, se dice que entró en contacto con el Príncipe. Es probable que así fuese, pues en la segunda mitad de 1565, se inició la desgracia definitiva del Príncipe. Pudo Egmont regresar a su país, para declarar públicamente que fue engañado por el rey, la primera vez que le vio. La confesión encendió nuevos disturbios, objetivamente graves. Obligada la Gobernadora a practicar el terrorismo de estado, en cartas secretas aconsejó al hermano cambiar de política, siendo evidente que "la Inquisición se hace insoportable a estas gentes". Y aconsejó al hermano sacar el Santo Oficio de Flandes, porque "los gobernadores y magistrados me dizen sin rebozo, que no quieren ayudarme y contribuir a que sean quemados cincuenta o sesenta mil personas", medida doblemente escabrosa, con tropa mal pagada, en un medio hostil y país de carestía insoportable. Alarmante el descontento y violentos los naturales, reunión de nobles en Breda, en la que se juramentaron, acordando oponerse al Santo Oficio por las armas, de ser necesario, anunciaba guerra civil. Firmado el acuerdo, solicitaron audiencia

Carlos 1565 S. Coello

a Margarita, para entregarle en mano el acuerdo, agotando las vías de diálogo y negociación. Recibidos se presentaron vestidos de paño gris, como los campesinos, sin condecoraciones, insignias, ni signo de cargo o superioridad. Obtusos los cortesanos, el hábito provocó risas. Aplicado a los flamencos, con desprecio, el apelativo de "gueux" o mendigos, sería el grito de guerra. Más intuitiva la Gobernadora, comprendió el alcance del gesto. Grave que se enfrentasen al Rey, lo era mucho más que los caballeros se alineasen junto a un pueblo irritado, que sólo aguardaba cabezas, para levantar las propias. Lo advirtió Margarita al hermano (01), aconsejando comprensión. Provocó reacción contraria a la deseada. Adoptando la vía del chantaje y represión, Felipe II acudió al peligroso antídoto de la represión preventiva.

Preñada Isabel de Valois por diciembre, Cabrera transcribió lo que dijo el Prior Antonio de Toledo: se deseaba un varón, "porque los desórdenes del Príncipe D. Carlos le figuraban a los súbditos con poca capacidad para reinar, por su extremo predominio de la ira y disonancia de sus acciones". Confundiendo el escenario del Consejo, el cronista sitúa en Galapagar choque de Carlos con su tío, Juan de Austria. Sin mencionar la cuestión de Flandes, dice que el bastardo, propuesto efectivamente para general de la mar, soñaba con socorrer Malta (10), despertando los celos del Príncipe. Salvo un posible contacto con Egmont, no parece que Carlos hiciese un gesto, a partir del regreso de la Reina, para merecer desgracia. Excluido de cañas y torneos como de costumbre, el único cambio a señalar en la vida del joven, fue la desilusión de ver pospuesto viaje a Flandes, inminente desde 1561. Es posible que su destino obedeciese a relaciones con enemigos del padre, con ribetes de conjura, según apuntan los historiadores. Pero también que lo precipitasen las que mantuvo con su madrastra. O quizá simplemente un natural irónico, ofensivo en corte gobernada por cabeza fanáticamente ortodoxa.

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Notas

1 * Felipe II nació en Valladolid el 21 de Mayo de 1527, hijo de Carlos V y de Isabel de Portugal. María de Portugal había nacido en Coimbra, el 15 de Octubre del mismo año, hija de Juan III de Portugal y de Catalina, hermana de Carlos V. Casaron el 13 de Noviembre de 1543

2 * Carlos V murió el 21 de septiembre de 1558.

3 * Iniciados los procesos contra luteranos flamencos, en abril de 1563 desembarcaron en San Sebastián 46 galeotes, víctimas del Santo Oficio. "Algo maltratados por los guardas que los lleban", escaparon "diez o onze", tres leguas antes de entrar en Pamplona. Recuperados salvo uno, "que no se ha podido aver", el Licenciado Otalora los remitió a Barcelona, poniendo sospechoso interés en mitigar sus padecimientos, cuidado que apreció el Virrey de Cataluña (4373).

4 * Señala la documentación que el prolongado desmayo, consecuencia del golpe, tuvo lugar el 6 de mayo, miércoles. El sábado en que se produjo la mejoría, fue 9 de mayo, fecha en que la historia oficial sitúa el accidente, alteración cronológica que parece tener por fin ocultar la presencia de Felipe II, junto al hijo.

5 * No mencionó el ayo cuerpos de santos ni preces extraordinarias. Tampoco parece haberlo sido la atención de los médicos, limitada a purga brutal. Salvó a Carlos madre naturaleza, a pesar y no gracias a los físicos. Ignoro la razón que aconsejó a Cabrera fabular, metiendo a Fray Diego de Alcalá de por medio, siendo sorprendente que a 7 de mayo llegase a Barcelona el anuncio oficial de accidente, habiendo sucedido el día anterior. El 6 de mayo Carlos estaba a solas con su padre. No se llamó médico en las 51/2 o 6 horas, que permaneció inconsciente. Ni en el tiempo que pasó el Rey en la iglesia, en el rezo de vísperas, que coincide con el crepúsculo, lo que sitúa el accidente en torno a las 13 horas. Al regresó de la iglesia acudió el doctor, siendo administrada la purga al día siguiente. Felipe II permaneció dos días junto al hijo. El sábado 9 fue a recluirse en el Monasterio de los Jerónimos, por estar desahuciado, a la espera del anuncio de la muerte. Según Cabrera, en esta fecha se produjo el accidente, en ausencia del Rey, al que hace acudir al recibir el aviso. Restablecido Carlos al marchar el padre, el Rey cambió el programa, abandonando el Monasterio para regresar junto al enfermo. La reacción del García de Toledo, Virrey de Cataluña, a la noticia del incidente, llegó al García de Toledo, ayo del Príncipe en Alcalá, a 21 de mayo, "en tiempo de más contentamiento que algunos de los días pasados" (4342), por estar Carlos en plena convalecencia.

6 * Residente Luis de Toledo en Florencia y Roma, habiendo colgado la tonsura y rechazado el cardenalato, para casar con italiana de su gusto, estaba tan mal visto que rara vez estuvo en la Península. La correspondencia de Fadrique de Toledo, entonces Marqués de Villafranca, nos informa de que pasó por Barcelona a 29 de mes indefinido, probablemente mayo de 1562. Que fuese camino de Madrid, indignaba al cabeza de familia: "También me escriben la causa de la benida de v.m., la cual no os nombro", por ser la "afrenta tan grande, que los huesos que están descansando creo lo sientan". Calificada de "mancha que se pegaría a nuestro linaje, para que todos los de aquí adelante bibiesen siempre afrentados", por ser cosa "tan desordenada para sí y para todos", le prohibió aparecer por la corte, "en nombre de haber hecho cosa tan fea. Y que primero se trate del remedio, antes que más se publique y benga a oydos del Rey" (4342). El crimen se reducía a que siendo clérigo, "y que hazía el profesión que era más clérigo que otro y doctor", renunció a convertirse en "el más principal cardenal que hubiera en Roma... por casar con hija de Anica de la Risa, cantonera pública". Con el fin de negociar tal "vellaquería y desvergüenza" (4370), fue a Madrid, pese a la prohibición del Marqués, probándolo encuentro fortuito, que tuvo lugar a 5 de junio de 1562. Pasaba Francisco de Ybarra "ympensadamente" por la calle donde vivía el Toledo, cuando Luis le "llamó desde su ventana y así me apeé a besalle las manos". Le dijo que acababa de llegar a "esta corte", estando "muy mal contento, porque no ha sido visitado de ninguno de sus parientes. Todo fue dar desculpas de sus culpas", quejándose especialmente del Duque de Alba, afirmaba que si le maltrataba "por pensar que el venía con intención de litigar con V.S., estaban todos engañados" (4364). Debió ser entonces cuando llevó el recado de García al Príncipe.

7 * Poco acostumbrado a los modos cortesanos, García de Toledo protestó enérgicamente. Los tasadores "andubieron muy baxos en muchas cosas... las quales me acuerdo yo muy bien que costaron mucho más de lo que en dicha tasación viene señalado". Al no haber ley que obligase a vender lo que querían para sí, individuos de la real familia, "no se han de librar, porque no es justo perder, en lo que hombre sabe claramente, que vale más de lo que dan por ello". El rubí "grande", tomado por la Valois, costó 1.600 ducados; el berrueco 500 y 1.200 los seis diamantes : "vea v.m. lo que valen las otras piedras, oro y hechura" (4347). El intermediario, "como de suyo", tendría que dar "razón desto al Príncipe Ntro. Sr., porque no piense S. A. que por paresçelle bien las piedras que me mandó quitar del, se encaresce el collar, sino que entienda que costaron estas piedras lo que digo. Y que el collar vale sin duda, mil ducados más de lo que está apresciado". En cuanto a la litera, comprada en Zaragoza por 1.000 ducados, que había servido menos de diez veces, su precio era 800 ducados, no los 456 1/2, en que fue tasada. La almoneda de Victoria Colonna cerró por junio: "no se a vendido cosa alguna más de lo que tomó el Príncipe. Aora dícenme librará 4.000 ducados, que debe en una sortija de una piedra que parece diamante y es punta, questa engastada en unas garras". Provocó la joya "gran confusión", pues viéndola "de primera instancia", se juzgaba "muy buena, pero averiguado por los lapidarios, dizen todos que es cotrahecha". Y Argote recordó que en Barcelona se lo advirtió el Virrey: "mira que llevas una piedra falsa, no la vendas por fina". De Toledo confirmó que se trataba de la sortija (4347).

8 * La de Alba fue designada para acompañar a la Reina (4384), refiriéndose el Prior de Toledo al marido: "se está aquí y su muger en Alva. El sirve como un perro y el tratamiento Dios lo mejore. Dize que desea retirarse y nunca lo hará" (4341).

9* Desde Roma informaron sobre le naturaleza del contagio, que asoló Burgos. Un hombre "de bien y de crédito", contó que el Cardenal Pacheco "procuró quanto pudo" licencia, para entrar bajo "dosel", con la Reyna, según vieja usanza. Al serle negado, decidió suprimir la regia visita, publicando "la pestilencia" y "encaramándola tanto", que no sólo asustó a las personas reales. Vicio del escolástico de todos los tiempos fiar en la palabra, sin detenerse a contrastarla con los hechos, "a sido causa de despoblar todo aquel lugar". No escapó el vulgo, crédulo pero sin posibles para viajar, si no la "gente más granada", supuestamente instruida. Sin embargo no era difícil descubrir como el "hombre de bien", que "no ay más pestilencia que la hubo aora veinte años", pues "de veinte que caen malos, los dieciocho sanan" (4384). El suceso dio lugar a que los bulos se llamasen "cartas de Burgos".

10 * Ver "El cargo de la mar".